
Tras toda una vida fuera regresaba con sus recuerdos al lugar que jamás pudo olvidar. El último trecho lo realizaban en tren, viajaba con su hija con la intención de enseñarle aquél lugar que muchos años atrás, cuando era niño, tuvo que abandonar con sus padres y hermanos para ir en busca de fortuna pues corrían malos tiempos. Quería que conociera el lugar más hermoso del mundo, para él así lo era, el sitio donde setenta y tres años atrás había nacido.
Pareciera ya estar oliendo aquellas flores que tanto abundaban en las afueras del pueblo...recordaba cada milímetro de las calles...a sus queridos amigos... y cada vez estaba más nervioso, más impaciente por llegar.
"Papá, en la próxima parada llegamos". El corazón le salía del pecho.
Unos minutos más tarde su hija anunció que habían llegado. Bajaron del tren y su semblante cambió.
"Ana...¿Qué es esto?".
"¡Papá!...¿No recuerdas?".
De sus ojos brotaron lágrimas y le contestó; "Hija, este lugar...no lo reconozco".
Ana entristeció, pensó que los años pasados habían nublado los recuerdos de su padre y que ni él sabía lo que estaba buscando. No se detuvo a pensar que el tiempo llega a arrasar con todo.
"Ana...sí,sí...mira".
Y su padre señaló aquella plaza, muy cambiada, en la que dio su primer beso a aquella chica que hacía más entretenidas las clases de matemáticas, la que tantas veces visitó en los atardeceres cuando se cansaba de oír a sus padres discutir por la falta de dinero...aquella en la que se escondía cuando sabía que recibiría un castigo cuando hacía una de las suyas...
"Todo ha cambiado hija, todo...pero sí, por fin he vuelto". Y las lágrimas volvieron a salir de aquél rostro marcado por el tiempo.